En los últimos años, han empezado a sonar nuevos conceptos relacionados con la agricultura, el medioambiente y la sostenibilidad. La permacultura ha entrado con fuerza en este vocabulario moderno como una nueva forma de entender la relación con la naturaleza y su explotación.
Puede que no sepas que detrás de esto, hay mucho más. Es todo un sistema que se está expandiendo y en el que cantidad de personas están comenzando a formarse. En este artículo queremos explicarte al detalle en qué consiste y todo lo que conlleva, ¿quieres saberlo? Sigue leyendo y descubre este interesante movimiento.
Todos los elementos
El concepto de permacultura, ¿qué es?
La permacultura es realmente una forma de diseño agrícola que involucra también lo político, lo social y lo económico, entendiendo que son conceptos que no se pueden separar entre ellos. Toma como base el ecosistema en su forma natural, para respetar el ritmo que tiene cada ambiente a la hora de desarrollarse, de crecer a su manera como lo haría sin la intervención humana.
Teniendo esto en cuenta, la permacultura se va a dividir en varias ramas diferentes: el diseño ambiental, el diseño ecológico, la construcción, la ingeniería ecológica y la gestión integrada de los recursos hídricos. Como resultado, surge una forma de agricultura que es sostenible.
La palabra en sí tiene su razón de ser, pues “permacultura” hace alusión a la agricultura permanente, como una suerte de juego de palabras. Se usó por primera vez de la mano de los científicos Bill Mollison y David Holmgren en el año 1978, aunque es ahora cuando encuentra su forma más completa y se extiende como una auténtica metodología.
Nace con la intención de mejorar la situación medioambiental que venimos arrastrando desde hace tantos años y dar un giro hacia prácticas más responsables con el entorno. Así es como reúne diferentes propuestas como las construcciones ecológicas, el uso de determinados recursos y una agricultura sostenible. Generar un impacto positivo es el fil último.
Las bases de la permacultura

Las bases de la permacultura se asientan sobre cuestiones éticas, siendo sus principales premisas el cuidado de las personas, de la Tierra y el justo reparto de los recursos. Se centra, por un lado, en la buena conservación de los entornos naturales: los bosques, el suelo, el agua, el ecosistema. También implica que, en este proceso, se cuidará de las personas involucradas, tanto de uno mismo como del resto. Además, se aspira a un reparto justo de los recursos y de los excedentes que se produzcan, por lo tanto, el reciclaje forma una parte importante del sistema, intentando devolver todos los residuos que sea posible al ecosistema de nuevo.
En el diseño nos encontramos con 12 principios básicos como sustento de la permacultura:
- Observar y actuar, captar y almacenar energía
- Obtener un rendimiento de las prácticas aplicadas
- Emplear la autorregulación
- Utilizar y valorar los recursos y servicios naturales
- Dejar de producir residuos en cuanto sea posible
- Planificar desde los diseños generales hasta los detalles
- Integrar en vez de segregar
- Recurrir a soluciones lentas y duraderas
- Valorar la diversidad
- Utilizar los bordes y poner en valor lo marginal
- Responder adecuadamente al cambio
- Aceptar la retroalimentación
De esta forma, se sigue un proceso en el que primero se observa detenidamente a la naturaleza en su forma orgánica para aprender de ella y después se proponen las soluciones, acordes con sus tiempos y formas. Para generar energía, se buscan opciones renovables y limpias.
Las producciones se diseñan según el consumo que se va a dar de ellas, evitando los excedentes innecesarios y los desechos. En este punto es donde cobra importancia el detalle como método, más allá del plan genérico para el cultivo. La intención ha de ser en todo caso la de aprovechar al máximo cada recurso y emplearlo de forma controlada, local y con tiempo suficiente, sin precipitar el curso natural del ecosistema.
Las capas y zonas en permacultura
En la permacultura se emplean determinadas definiciones que es importante conocer, pues se trabaja con ellas en la aplicación de este sistema.
Las capas en permacultura
Un término relevante es el de las capas, que se entienden como las partes en las que cada ecosistema se puede dividir o diferenciar. Las principales capas que se pueden encontrar en los espacios naturales van a ser las siguientes: árboles, sotobosque, la cobertura del suelo, el suelo, los hongos, insectos y animales. Cada una tiene su definición e interactúa de determinada manera con las demás.
Las zonas en permacultura
Las zonas no se refieren a un entorno natural en la permacultura, sino a la forma de organización de los humanos en este proceso. Tiene como premisa que las zonas más frecuentadas por las personas van a ser las que están más cerca del hogar: zona 1 y zona 2. Sin embargo, las menos populares deben ser de la 3 a la 5.
El efecto borde

En las 12 bases del diseño de la permacultura se habló del Efecto Borde, otro concepto que es propio de esta disciplina y que cuenta con su propia definición. Se trata de la convivencia de dos ambientes que son de por sí contrarios, pero que se encuentran en un mismo sistema. De hecho, estos opuestos suelen generar una gran productividad en este punto.
A la hora de aplicarlo, el ejemplo más claro se da en las zonas costeras. En estos sistemas protagonizados por el mar es común que se generen espirales en jardines con hierbas o bien que se puedan recrear costas con ondas en estanques.
Sin embargo, en algunas ocasiones se genera el efecto borde de una forma inesperada. Ocurre generado por un cambio abrupto que puede llevar a reemplazar determinadas especies acordes con el hábitat anterior por otras más adecuadas, adaptándose a variaciones que están relacionadas con la vegetación o con el microclima de la zona. No obstante, existe un mayor índice de éxito en la conservación cuando los cambios se dan de una forma paulatina.
Los animales en la permacultura
Por último, los animales tienen un papel muy importante en la agricultura sostenible y en el mantenimiento natural de los ecosistemas, pues ellos forman parte de todo esto. Cuando los referimos a los animales, partimos desde los seres vivos más sencillos como las lombrices hasta los grandes ejemplares como las ovejas.
Todos hacen su papel y contribuyen a que se mantenga en ambiente intacto. Con sus costumbres naturales van a contribuir al mantenimiento de los sistemas, de los suelos y de la micriobiana. Por ello, es importante controlar que no exista una superproducción de determinadas especies y se guarde el equilibrio necesario.